viernes 1 de febrero de 2008

Soy un provocador

El paso del tiempo me ha permitido descubrir una faceta mía que desconocía: soy un provocador. El lector debe saber que no soy un provocador per se, sino que lo hago de forma inconsciente. Cuando me hallo en una conversación, siempre intento decir lo que realmente pienso. Hacer lo contrario, claro está, sería hipócrita y no estoy, ni mucho menos, dispuesto a ello. El problema está que mis opiniones, en no pocas ocasiones, provocan el asombro y estupor de mucha de las personas que tienen la fortuna o desgracia de escucharme.

Con un ejemplo lo entenderán mejor. El pasado miércoles tuve una charla con mis compañeros de trabajo sobre la vida social. Cuando tuve la oportunidad de hablar, dije que yo no salía a la calle desde que cumplí los 22 años. No salgo por la noche porque la calle me aburre, no me llena, etc... No le veo el atractivo que quizás otros le vean. Prefiero dedicar mi tiempo ocioso a otras cosas en lugar de estar en un bar tomando una copa. Cuestión de gustos supongo. Exponer esta idea provocó que algunos de mis compañeros se quedaran estupefactos. Me imagino que les sonaría a algo insólito, pero es que es lo que hay.

Es divertido ir contracorriente. ¿Qué me dicen de un debate donde todo el mundo critica el cristianismo menos un servidor? Es una experiencia estupenda, porque eso de estar en minoría es algo, digamos, que roza lo herético. Lo fácil, y lo conveniente, en esta época que nos ha tocado vivir es poner de vuelta y media todo lo que huela a sacristía. Pues bien, yo no pienso así y eso, como pueden imaginarse, da lugar a escenas pintorescas.

Insisto, no lo hago a propósito sino porque realmente me siento cómodo con mi manera de ser y, en consecuencia, lo digo sin ningún tipo de barrera. Sin embargo, no vean ustedes las caras que puedo observar a mi alrededor cuando digo cosas como las que antes he expuesto.

4 comentarios:

Milius dijo...

Aplaudo tu actitud, Cronwell y me identifico con ella. A mi propio estilo, claro.

De hecho en España lo que está peor visto es que seas "diferente", que quieras ser tú mismo. Da igual en qué ámbito social o político te muevas, ser diferente es una "falta" hacia los demás, según sentir mayoritariamente dominante.

Por no hablar de atreverse a expresar ideas sin que éstas estén avaladas por algún tipo de autoridad intelectual, académica o de la clase que sea: "¿pero tú quién te has creído que eres?".

Un saludo.

Elentir dijo...

Pues ya somos dos, Milius. De hecho, actitudes como la de Cromwell son las que hacen que una sociedad humana siga siendo eso: humana, y no una sociedad de borregos o de loros que repiten sin más las consignas que otros elaboran.

Jonsy Gaviota dijo...

En la universidad, hace un mes tuve ocasión de vivir una anécdota curiosa sobre el manido tema del cambio climático: Tres interlocutores cuya postura "negacionista" yo conocía previamente, se pusieron a hablar del tema.

Ninguno de ellos conocía la postura de los otros. Ninguno se atrevió a hablar en claro, todos salieron por los tópicos gorianos al uso, y a despotricar de los disidentes con los epítetos habituales

Lo más divertido fue cuando se dieron cuenta de que les escuchaba, y los tres se hicieron conscientes de que sabían que los otros sabían que no estaban de acuerdo con lo que estaba saliendo por sus bocas... Los balbuceos subsiguientes hasta encontrar un nuevo tema de conversación son como para haberlos grabado

Y luego nos quejamos de que las encuestas no son fiables. Qué pais...

Florecilla Silvestre dijo...

Pues yo tampoco salgo. La gente ni acepta ni respeta que no te guste romperte los tímpanos en un bareto y ponerte ciego a alcohol. Vivimos en una sociedad en que ser así se paga con el ostracismo. Si además eres trabajador, tienes alguna inquietud intelectual/política o lo que sea y un vocabulario de mas de 1000 palabras ... donde nací ya llevas la marca de Caín.

Y encima soy nuevo en Madrid y estoy mas sólo que la una. ¿Me aconsejais algún sitio? ¿El Prado? ¿algún museo de la ciencia?