El agua, el líquido elemento que posibilita la vida, fue vital, nunca mejor dicho, para el desarrollo de la batalla de Bailén en julio de 1808. Hay que tener presente que el combate tuvo lugar en la provincia de Jaén en pleno mes de julio, con unas temperaturas extremas que hacían, lógicamente, que las tropas de ambos bandos necesitaran importantes cantidades de agua. Las crónicas de la época hablan de que muchas bajas se produjeron por insolaciones y golpes de calor. El día 19, jornada clave de la batalla, la sed provocó estragos en los franceses, ya que los españoles les impedían el suministro de agua desde el arroyo del Rumblar, el cual quedó a retaguardia de los españoles. Además, la única noria que había en las cercanías estaba situada en tierra de nadie, lo cual dificultaba notablemente acercarse a ella porque la zona era constantemente barrida por el fuego cruzado. Los españoles contaron con la inestimable ayuda de las mujeres de Bailén, las cuales ejercieron de aguadoras de las tropas de Castaños y Reding.
Fuente:
Revista Andalucía en la Historia. Julio-Septiembre de 2008. Número 21. Página 17.
sábado 9 de agosto de 2008
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