El conflicto que azotó los Balcanes entre 1991 y 1995 me dejó marcado por muchos motivos. Básicamente, podría resumirlos en dos. En primer lugar, me sorprendió la bestialidad de aquel conflicto que, sin duda alguna, nos hizo retroceder hasta épocas que, supuestamente, se habían superado en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. En segundo lugar, me di cuenta de la incapacidad de la denominada Comunidad Internacional, con la ONU a la cabeza, para detener un conflicto que estaba a las puertas de la opulenta y rica Europa.
Quiero hoy centrarme en algo que, en relación con el primer aspecto antes mencionado, la bestialidad vista en ese conflicto, me marcó para siempre. Uno de los episodios más estremecedores de aquella contienda fue el bombardeo de Sarajevo, y más concretamente las matanzas ocurridas en los mercados de la capital bosnia. Veamos las más terribles:
- En mayo de 1992, un obús mató a 16 personas que estaban en la cola del pan.
- El 5 de febrero de 1994, un proyectil de mortero cayó en un mercado de Sarajevo provocando la muerte a 68 personas y heridas a más de doscientas. Fue la peor atrocidad hasta aquel día.
- El 28 de agosto de 1995, un obús de 120 milímetros cae en un céntrico mercado de legumbres y verduras. El balance fue de 35 muertos y 91 heridos. La ONU, que contaba con radares para averiguar la trayectoria de los proyectiles, fue incapaz de determinar la procedencia del ataque.
Fuente: La Vanguardia, martes 29 de agosto de 1995. Página 3.




