Como ya saben los lectores de Etimologías, el presidente del Congreso, José Bono, usó la Guerra de Irak de 2003 para criticar a la Iglesia, usando argumentos falaces. Algo debe tener la Guerra de Irak para que una parte destacada de nuestra clase política la recuerde cada dos por tres para, supuestamente, enriquecer sus exposiciones argumentales y críticas al adversario. Cualquier calamidad, presente o futura, tiene su explicación en un conflicto que, no lo olvidemos, permitió, entre otras cosas, el derrocamiento de un tirano que, casualmente, no ha sido criticado por aquellos que enarbolan las banderas de la "legalidad internacional" y la "paz mundial".
Antes dije que algo debe tener la Guerra de Irak de 2003 para que Bono, y otros como él, la utilice con tanta asiduidad. ¿Quizás la Guerra de Irak haya sido, sin lugar a dudas, el mejor reclamo electoral que ha existido en España en lo que llevamos de siglo? Cada vez que escucho o leo alusiones a este conflicto, me da la sensación de que, paradójicamente, lo que menos interesa es el conflicto en sí. Con un ejemplo, me explicaré. Me resulta bastante llamativo que Bono se asuste por la Guerra de Irak de 2003. El ex ministro de Defensa no dijo una sola palabra cuando España, apoyando una coalición internacional, mandó tropas de reemplazo al Golfo Pérsico para apoyar el regreso al poder de la monarquía kuwaití que había sido desalojada del poder por Irak en agosto de 1990. La de 1991, por supuesto, fue una guerra tan cruenta como la de 1980 o la de 2003 pero, de forma asombrosa, no hay testimonios de que los amantes de la Pax Romana dijeran una sóla palabra.
domingo 28 de junio de 2009
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